Desde hace algún tiempo venimos escuchando que los libros digitales y los eReaders van a ser una realidad constatable y extendida a partir de este verano, e incluso se ha llegado a oír que pronto veremos cómo el formato papel va a ser sustituido por el soporte electrónico. Antes de que podamos ver si se cumple este augurio, muchas cosas tienen que cambiar y evolucionar en el mundo editorial.
Los editores somos por naturaleza tradicionales, lo que atendiendo a la definición de la Real Academia Española, nos lleva a seguir las ideas, normas o costumbres del pasado. Por lo general, se continúa pensando en la producción gráfica de contenidos para la edición exclusiva en papel y se considera al formato digital como una mera consecuencia del libro impreso original. Sin embargo, en la era de la edición digital y de Internet, donde la información fluye libremente y los contenidos son accesibles hasta en los lugares más remotos, el editor tiene que pensar que el papel es uno más de los medios con los que cuenta para difundir su contenido, pero no el único canal posible.
En pleno siglo XXI el editor tiene que convertirse en el impulsor de la difusión de contenidos en todos los canales, medios o dispositivos que existan al alcance del consumidor: un eReader, la web, los tablet PC o los múltiples y variados dispositivos móviles, aunque sin olvidar obviamente el mundo del papel. El reto es lograr poner a disposición del lector un contenido de su interés, con la calidad que caracteriza al proceso editorial, pero adaptándolo a las nuevas tecnologías que permiten su lectura y consulta en cualquier entorno.
Los editores del siglo XXI han de considerar el contenido, como información neutra, reutilizable y publicable en cualquier soporte, centrando todos sus esfuerzos en imaginar cómo se puede enriquecer y dotar de elementos adecuados para cada uno de estos medios. La época de la producción gráfica tradicional ha de transformarse en una nueva era en la que la materia prima, es decir, el contenido, sea producido desde un inicio en formato digital y se dote de ingredientes adicionales que, combinados e interrelacionados, permitan hacer una proposición de valor adecuada para todos los soportes en los que se vaya a publicar la información. El contenido ha de poder ser publicado tanto en su integridad, como de forma fragmentada, ampliada, abreviada o en conjunción con cualquier elemento multimedia y de apoyo, según sea necesario, en función de la plataforma y el colectivo al que nos dirijamos.
Junto a la agregación de valor al contenido el editor tiene que pensar “en digital” desde el principio y archivar sus contenidos en un formato dúctil y adecuado para que sea convertible y accesible en todos los canales de distribución, evitando duplicidad de costes y esfuerzos que impiden, en muchas ocasiones, afrontar la inversión requerida. Frente al consagrado formato PDF, réplica del producto papel, se consolida el también conocido XML (Extensible Markup Language), que permite conservar el contenido de una forma estructurada, completamente disociado del formato final de presentación, de manera que su conversión y posterior reutilización sea factible de forma flexible y dinámica.
Para que estas premisas sean realidad hay que empezar por reciclar a los equipos y personal de una editorial, con el fin de que adquieran nuevas habilidades y conocimientos y se orienten al nuevo proceso de producción digital, que nada tiene que ver con el proceso del pasado siglo XX. Las nuevas plataformas, dispositivos y canales abren una nueva vía para la distribución del contenido digital, y hay que estar preparados y tomar las decisiones adecuadas, en el menor tiempo posible, para lograr satisfacer las diferentes necesidades del mercado, las actuales y las que sobrevendrán en los próximos meses y años.
El tiempo nos dirá cómo evolucionará el sector editorial mundialmente y en España, en particular, pero la necesidad continua de adaptarnos a las nuevas tecnologías es un hecho del que no nos podemos olvidar.
* Cristina Retana es directora de contenidos de Wolters Kluwer España
http://www.cotizalia.com/tribuna/editores-siglo-20100816-3721.html
Principales secciones de un libro
Exterior:
Tapa (cubierta) : es cada una de las dos cubiertas de un libro encuadernado. Puede ser de distintos materiales, en general se utiliza papel, cartón y/o cuero. El diseño de ambas cubiertas debe estar en concordancia con el mensaje del libro. La cubierta frontal incluye normalmente el título de la obra, el nombre del autor, el logo de la editorial y la colección, así como también fotografías o ilustraciones.
Sobrecubierta: es una cubierta delgada que se coloca sobre la tapa, utilizada para decorar y/o para proteger la edición. Muchas veces tiene el mismo diseño de la tapa, y en otras ocasiones el diseño puede variar.
Solapas: son las partes laterales de la sobrecubierta o de la tapa (si es blanda) que se doblan hacia el interior. En ellas se incluyen datos sobre la obra, biografía del autor, colecciones y títulos de la editorial.
Contratapa: no tiene un uso determinado, en algunos casos allí se incluye una síntesis del texto principal o la biografía del autor. Mantiene la línea gráfica de la tapa.
Lomo: es la parte en la que se unen las hojas formando el canto del libro. En él se coloca el título de la obra, el nombre del autor y la editorial.
Faja: es una tira de papel que se coloca alrededor del libro. Cumple una función informativa y promocional -indica, por ejemplo, la cantidad de ejemplares vendidos, el número de edición del libro, comentarios de la crítica-.
Título: su función es esencial, dado que debe atrapar la atención de los lectores de inmediato y a partir de aquí funcionar como introducción al resto del contenido. Se recomienda para los títulos frases cortas, si bien no hay leyes estrictas acerca de esto. Las tipografías serif favorecen la legibilidad, y por ende también son recomendables. Lo fundamental es que el título llame la atención y transmita un mensaje rápidamente.
Interior:
Páginas de guarda: son las páginas que aparecen al abrir la tapa de un libro (tapa dura), en las cuales generalmente se imprime un motivo con función decorativa.
Portada: es la página impar ubicada al principio del libro, que generalmente contiene los mismos datos de la tapa (título, nombre del autor y editorial).
Contraportada: es la parte posterior del libro. En algunos casos contiene otras obras del autor, comentarios sobre el texto u otra información, pero otras veces no lleva ningún contenido.
Créditos o página de derecho: es la página que presenta los datos de la edición (año y número), nombres de los que participaron en la realización del libro (diseñador, fotógrafo, ilustrador, traductor, corrector, etc.), Copyright (derechos reservados al autor y editor) e ISBN (International Standard Book Numbers y en español Número internacional estándar del libro, correspondiente al código numérico del país de edición, editorial y temática del libro).
Dedicatoria: la página de la dedicatoria es aquella en la que el autor dedica la obra.
Índice: es un listado en el que se muestran los títulos de los capítulos y las páginas correspondientes, permitiendo localizar fácil y rápidamente los contenidos de un libro. También existen índices de los temas organizados alfabéticamente y con el número de página en el que se mencionan. El índice puede colocarse al principio o al final del texto principal.
Texto principal: incluye el cuerpo del libro y también la presentación, el prólogo, la introducción, los capítulos o partes, los anexos, la bibliografía, y en los casos en que haya imágenes, las ilustraciones, láminas y/o fotografías que contenga el libro. El texto variará de longitud según la tipografía, el cuerpo, el interlineado y la caja tipográfica.
Cabezal o encabezamiento: es la indicación del título de la obra, el nombre del autor y el título del capítulo o fragmento en la parte superior de cada página del texto principal.
Pie de página: es la ubicación habitual del folio o numeración de página y de las notas y citas del texto principal.
Folio o numeración de página: es el número de cada página indicado generalmente al pie de página. El punto de partida para la numeración es la portada. No se folian aquellas páginas fuera del texto principal ni las blancas.
Colofón o pie de imprenta: es el conjunto de datos que da cuenta de las personas que participaron de la edición (imprentas, fotocromistas, componedores de textos), el papel empleado, la tipografía elegida y la fecha y lugar en que se terminó de imprimir. Se ubica en el final del libro (en página par o impar).
Estas son todas las partes que forman la estructura modelo de un libro. Sin embargo, no siempre los libros siguen este esquema. Esto depende del presupuesto destinado a la edición y de la imagen que se busca dar. Una edición en la que se incluyan todos estos componentes producirá la sensación de gran calidad. Con respecto a las revistas y a los periódicos puede decirse que en general su estructura es más simple, incluyendo portada, contraportada y texto principal. También se presentan los créditos, el cabezal y los folios.
En el momento de desarrollar el diseño editorial de una publicación es imprescindible tener en cuenta la estructura interna y externa típicas y adecuar el diseño a las necesidades específicas que cada edición requiere.
http://la.bookdesignonline.com/partes-diseno-editorial.aspx
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Edición y diseño gráfico
Gestión de proyectos de edición y publicación de todo tipo de contenidos sobre soporte electrónico o papel
Traducciones. Revisión y corrección ortotipográfica y de estilo
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SELECCIÓN, PREPARACIÓN Y REALIZACIÓN DE DISTINTOS SOPORTES:
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Formato electrónico (e-book, CD Rom, Páginas Web, Edición multimedia)
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Roger Michelena